Después de un fin de semana algo largo con mis bisabuelos me pongo a pensar:
“Es muy triste llegar a la edad de 86 años con alzhéimer, parquinson, algún que otro derrame cerebral cada cierto tiempo, asma, (en un pequeño resumen, mas en el barrio de alado que en el tuyo)… es triste pasar el fin de semana con esa persona, y ver que apenas puede gesticular palabra, que ya no reacciona, que solo tienen un vago recuerdo de cuando era joven, pero aun es peor que en momentos tenga una cierta lucidez y se dé cuenta de que ya no sirve para nada, que ya no conoce a nadie, con lagrimas en los ojos te coge de la mano y te dice que lo siente…, y cree que es una molestia, intenta hacer las cosas el solo pero no puede…”
Por otro lado aunque el trato no ha sido mucho:
“Todavía recuerdo los días que nos echabas la bronca por sentarnos en las vallas, tu presencia imponía respeto, siempre arreglado. Aun recuerdo las tardes que pasábamos sentados en la cocinilla, tu contándome tus batallitas y yo escuchando, o diciéndome versos y yo escribiéndolos en total fueron 458… Ahora mismo me arrepiento de muchas cosas…”
Con estos pensamientos íntimos quiero demostrar que, aunque a veces seamos personas frias, que no cuesta nada sonreír y tener un pequeño gesto de amabilidad con los demás. Y a los seres queridos, aun mas hay que demostrarles lo importante que son para ti… porque llegara un día que puede que sea tarde para hacerlo…