Otra vez
vuelvo a sentarme en mi ventana, pero hoy a diferencia de mis anteriores textos
escritos a la luz de la luna, lo escribo con el sol brillante sobre mí.
Hoy se vuelven a cruzar por mi mente muchas
cosas, cosas que poco a poco me están haciendo enloquecer. Por mi cuerpo
recorre un cosquilleo interno, un hormigueo que no me da tregua alguna,
felicidad y a la vez miedo. Son esas palabras las que me invitan a rozar el
cielo con mis manos. Las mismas que hacen que ese cosquilleo que recorre todo
mi cuerpo se haga más intenso, minuto a minuto, segundo a segundo. Un mar de
sentimientos que entre ellos se contradicen, pero que me están haciendo pensar
en todo lo que me rodea, en lo que realmente quiero yo, en lo que mi vida
necesita.
Y desde mi
ventana, bajo este sol cegador, no paro de darle vueltas a todo lo que se me
junta dentro. Y sé que encontrare una solución y un orden a todo esto, también
se lo que mi vida necesita, lo que yo realmente necesito y quiero un giro de
360º que me haga estremecer. Algo o
alguien que me haga enloquecer con cada palabra, con cada gesto, que me
lleve hasta ese mismo cielo que mis manos rozan, que me recuerde con cada
suspiro. Algo o alguien que sea capaz de devolverme la ilusión que un día
perdí, que me vuelva a dar vida, y me haga sonreír cada día. Si, lo se todo
esto suena al típico príncipe azul, pero quizás exista realmente, ¿Quién sabe?

